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Un cambio histórico: de inversiones en telecomunicaciones a centros de datos

¿A qué responde esta inusitada inversión de centros de datos en América Latina y cuáles son los retos que representa? Un documento reciente de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) que no es exactamente sobre centros de datos pero que sí analiza la inversión extranjera directa (IED) digital, puede dar más antecedentes. El informe se llama «La inversión extranjera directa digital en América Latina y el Caribe. Oportunidades y desafíos» (2025) y la autoría es de Nikolas Passos y Andrea Laplane.

El documento sitúa las inversiones en centros de datos dentro de una transformación histórica de la inversión extranjera directa en el ámbito digital. Señala que la IED digital ha transitado de una concentración en telecomunicaciones tradicionales a nuevas áreas como centros de datos, servicios en la nube, software y plataformas digitales. Particularmente, en el sector de comunicaciones, la inversión ha evolucionado de las telecomunicaciones tradicionales hacia servicios digitales basados en procesamiento y alojamiento de datos.

«El desplazamiento del liderazgo inversor desde las empresas de telecomunicaciones tradicionales hacia las grandes tecnológicas no solo refleja un cambio en los subsectores dinámicos, sino también en las estrategias de las empresas que llegan a la región. Mientras las empresas de telecomunicaciones han priorizado la expansión de infraestructura de conectividad, las multinacionales digitales impulsan proyectos intensivos en centros de datos y servicios en la nube, que redefinen la inserción de América Latina en la economía digital y plantean nuevos desafíos en materia de localización, regulación y capacidades, entre otras».

Por cierto, esta transformación de las telecomunicaciones y la entrada de las big techs también a este campo está poniendo en crisis el modelo, como ya el ex subsecretario de telecomunicaciones de Chile lo ha afirmado recientemente, lo que habría que ver en más profundidad.

En relación con la dinámica de la inversión, el documento indica que los picos de inversión obedecen principalmente a proyectos puntuales de gran envergadura, en particular en comunicaciones y centros de datos. Además, señala que los anuncios de proyectos de IED orientados a centros de datos se han acelerado en la última década y han alcanzado máximos históricos en 2023 y 2024.

En cuanto a las características económicas de estas inversiones, hay un par de alertas que denuncian cierta naturaleza extractiva de los centros de datos en esta parte del mundo y el poco valor que le agrega a nuestras economías a largo plazo. Primero, el texto indica algo que ya está bastante probado pero que en los anuncios públicos está convenientemente soterrado: las inversiones en infraestructura de datos revelan un perfil de inversiones intensivas en capital, pero baja en creación de puestos de trabajo. Respecto a las capacidades locales, afirma que la fuerte dependencia de proveedores extranjeros limita el desarrollo de capacidades locales y plantea desafíos para la soberanía digital. Además, señala que gran parte del valor agregado se concentra en clústeres tecnológicos de regiones de alto ingreso y no en nuestros países.

En relación con la energía y el impacto ambiental, el texto señala que los proyectos asociados a centros de datos generan crecientes tensiones ambientales por el consumo de energía y agua, y señala que organizaciones ambientales y académicos han cuestionado sus beneficios netos debido a los costos sociales y ecológicos asociados, por lo que plantea la necesidad de políticas que equilibren atracción de capital, sostenibilidad ambiental y fortalecimiento de capacidades nacionales.